Análisis psicológico de la película “Rebeca” de Hitchcock

“Rebeca” es un filme de suspenso dirigida por el director inglés Alfred Hitchcock. Fue la primera película que se rodó fuera del país natal del director, por lo que el largometraje se llevó a cabo en Estados Unidos. Fue en 1940 cuando salió a la luz. Tiene una duración aproximada de 130 minutos y fue creada en blanco y negro. La compañía Selznick International Pictures fue la productora mientras que United Artists la distribuyó.

El productor de este proyecto audiovisual fue David O. Selznick, conocido por dejar a los directores trabajar a su gusto y no poner tantas trabas. En Estados Unidos era sabido que los productores eran quienes realmente decidían que iba a suceder en las historias y que los directores no tenían gran capacidad de control de los relatos. Esto ocurrió al revés y Hitchcock consiguió tener libertad para dirigir.

La narrativa está basada en la novela de Daphne du Maurier, titulada de la misma manera, “Rebeca”. La obra escrita fue publicada en 1938 y fue el tercer libro de dicha escritora británica. El relato está caracterizado por contar con un lenguaje repleto de drama psicológico además de una elevada dosis de intriga. En el libro, es la segunda esposa del señor Winter quien narra la acción. Ni en el libro, ni en la película, se menciona jamás el nombre de pila de la segunda mujer del dueño de la mansión. Todos los demás personajes cuentan con un pronombre personal excepto ella. Incluso la casa donde viven cuenta con un mote: “Manderley”.

Obtuvo 11 nominaciones para los premios de la Academia de ese año aunque únicamente conquistó dos. Fue considerada la mejor película y la mejor fotografía y por eso se llevó ambas estatuillas doradas. Entre las restantes nominaciones, encontramos que optaban por el premio de mejor actriz secundaria, mejores actores principales (hombre y mujer) y mejor director, entre otras.

Para aprovechar la trama y el poder psicológico de la película, los mismos actores fueron convencidos por Hitchcock de actuar de manera diferente al resto de los rodajes. Hitchcock convenció al actor Laurence Olivier (señor de Winter) de tratar mal a Joane Fontaine (señora de Winter) durante los descansos en el set. Posteriormente, el propio director le comunicó a la actriz que el equipo de producción la odiaba. Su objetivo era conseguir que Joane fuera mucho más tímida, introvertida y reservada dentro del cuadro. Quiso que la actriz y el personaje fueran uno solo, callado, ingenuo y débil mentalmente.

Incluso contrató a actores y actrices del Reino Unido para la película, dejando prácticamente sola a Joane Fontaine. Al ser la única americana (además de la señora Van Hopper), le costó trabajo adaptarse e integrarse con el resto de sus compañeros. Tácticas fuera de cámara que Hitchcock utilizó para poner más nerviosa a la actriz principal.

En 1940 ya existían las películas a color, sin embargo, Alfred Hitchcock deseó que su filme fuera en blanco y negro para darle un toque más sombrío y espectral. El director inglés optó por quitarle tonos a la proyección para evitar que los espectadores se fijaran en algo diferente a lo que él tenía planeado. Todas las cosas relacionadas con Rebeca están en una modalidad opaca, con mayores sombras. Desde sus objetos, sus personas más allegadas y su cuarto, todo está envuelto en el color negro. Por otra parte, el personaje de Joane Fontaine va con tonos más claros y ligeros tratando de representar su ingenuidad y su rol débil en el hogar.

El largometraje se ambiente en dos ciudades principalmente: Montecarlo y el Reino Unido (donde no especifican en que zona). La primera locación es para enfatizar en lo feliz que era Joane Fontaine, donde todo era alegría y la luz del sol es una manera de representarlo. Mientras está cuidando a su jefa, ella sonríe muchas más veces que cuando ya está casada y vive en Manderley. Además, todas las escenas son rodadas de día, para darle mayor poder a la connotación de cómo Joane pasó de la luz a la oscuridad. En Manderley siempre está nublado, lloviendo o con una luz muy tenue. En esas dos ciudades está ambientada, no obstante, se sabe que se grabó en Estados Unidos, más específicamente en los estudios de Hollywood.

Otro aspecto muy característico del filme es que cuando aparece Joane Fontaine en escena, Hitchcock abre el cuadro y así ella parece más pequeña de lo que en verdad es. Sucede únicamente con los planos en los que ella está sola. De esta manera, al abrir la toma y crear un plano general, podemos ver el contraste entre el tamaño de la mansión y el de la actriz. Los demás personajes suelen ser grabados con planos medios y primeros planos. Joane también cuenta con acercamientos, sin embargo, la constante es la de mostrarla diminuta e inofensiva.

Manderley, y en concreto, la habitación de Rebeca, supone una presencia todavía más amenazadora, en la que se percibe este dominio envolvente. La casa empequeñece a la protagonista, la vuelve insignificante en un espacio que, pese a la muerte de Rebeca, sigue estando dominado por ella. La casa está intacta desde que ella murió, igual que la servidumbre, el perro, o su habitación, que nunca más se ha vuelto a utilizar y que está tal y como ella la dejó antes de morir; de hecho, está impoluta, tiene flores, es casi como si tuviese vida, pero cómo si hubiese permanecido congelada, inalterable al paso del tiempo. Y de hecho, la casa es un personaje más, pues como la habitación, parece tener vida propia, e incluso ejercer una influencia perturbadora, envolvente, agobiante y fantasmagórica sobre la señora de Winter, que se verá atrapada por el fantasma de su rival, a la que inconscientemente aspirará a suplantar.

Al rodar el cuarto de Rebeca, Hitchcock creó varias trampas y obstáculos con el fin de segmentarla. Existe una gran cantidad de cortinas que difuminan los accesos para, nuevamente, otorgarle ese toque de cementerio a la habitación. Asimismo, hay varias puertas corredizas y ventanas gigantes que ayudan a edificar esta teoría. Las sombras son otro aspecto relevante, pues aparecen unas en su cuarto que nos remiten a las ramas secas de un árbol cuando no hay ninguno en el cuarto. Hitchcock sigue jugando con esta idea de presentar lo que no existe, de mostrar lo que ya se ha ido. En este caso, las ramas son una metáfora acerca de la presencia de Rebeca.

Incluso cuando la señora Denvers está ahí, una serie de sombras juegan con su rostro dándole una mayor fortaleza. En esa escena, Joane Fontaine es donde muestra tener más miedo que nunca. Además los cambios de posición entre los personajes son algo para analizar, pues prácticamente en toda la película, Joane Fontaine aparece en la izquierda de la pantalla. Basándonos en la regla de los tres cuartos, ella sale a la izquierda del centro y cuando está adentro de la habitación de Rebeca, va moviéndose a la derecha. Intercambia la posición con la señora Danvers, cosa que representa que por fin está tomando su lugar en la casa; el de la señora. Hitchcock solía hacer esto con asiduidad, colocaba a sus personajes en un extremo de la pantalla para definirlos psicológicamente.

En el plano que precede a Joane Fontaine entrando a la habitación de Rebeca, vemos como ella sube las escaleras, y se debate entre el ala oeste y el ala este, entre la parte desconocida y la parte conocida. Ella está grabada en un fuerte contrapicado en un plano general, lo que acrecienta el agobio, y además la empequeñece hasta el punto de ser casi insignificante. Así, de nuevo, la idea de la dualidad aparece en la obra de Hitchcock, mostrándonos una dicotomía, la relación constante entre el bien y el mal, y como está presente de forma totalmente contrastada.

En el plano en el que Joane Fontaine abandona el cuarto (el del picaporte), se aprecia una doble sombra, que nos hace pensar en que no es solo la señora de Winter quién sale de la habitación, sino también Rebeca, que vuelve al lugar al que pertenece, a su habitación. Se asume que Rebeca vuelve a donde pertenece, que su espíritu por fin descansará en paz y por lo tanto Joane Fontaine ya se ha deshecho de sus fantasmas, sale renovada y con más coraje que nunca. Por eso, la siguiente escena es un primer plano sobre el rostro de Fontaine, cosa que anteriormente no había sucedido. Ahí, ella le comenta a la señora Danvers que es la señora de la casa y sus movimientos corporales son rápidos y seguros. Durante el rodaje, Fontaine se había desempeñado como una mujer tímida y dubitativa, sin embargo, tras el cambio de rol ya es más fuerte y la iluminación en su rostro es todavía más potente. Se ve más blanca que nunca, para significar que ha salido de la oscuridad.

Durante la estancia en la alcoba de Rebeca, Hitchcock coloca los espejos estratégicamente para mostrar lo que él desea. Cuando Joane Fontaine está husmeando, el espejo refleja una fotografía del propietario de la casa. Esta toma es un plano medio que contribuye a la teoría de la dualidad y de la existencia de dos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Coincide con el sentir y el pensar del señor de Winter, que por momentos es muy efusivo y por otros es frío. Parece estar de luto pero también alegre por esta segunda oportunidad que le da la vida.

Siguiendo con el tema de la colocación de los personajes, notamos que la segunda esposa aparece del lado izquierdo y el señor de Winter del derecho. Históricamente, y plasmado en dos dimensiones, ir hacia la derecha representa el futuro y el desarrollo. El marido de Rebeca (y después de Joane Fontaine) es la meta que quieren alcanzar los personajes. Él hace poco por acercarse, más bien está colocado como el premio y ella debe luchar y sacrificarse para conseguirlo.

Existen algunos planos subjetivos y vienen de los ojos de Joane Fontaine. Cuando está en peligro o quiere poner especial atención en algún objeto, Hitchcock traslada su cámara a su mirada. También hay varios efectos en los que abre el zoom para que se vea más, como si la vista de Joane fuera creciendo a medida que se agobia y se preocupa.

Incluso la música juega un papel relevante. Cada vez que Joane Fontaine se siente alegre, la música es como de un cuento de hadas. El ritmo es rápido, con notas dulces y tranquilas. No obstante, cuando se siente agobiada y en peligro, la banda sonora se transforma para crear suspenso. Pasa a ser más fúnebre y a transmitir tristeza e incomodidad. Hay un cambio sumamente notorio y es cuando la nueva esposa está hesitando en acceder o no a la alcoba de Rebeca.

Ya dentro de la habitación, la música baja de volumen para que el golpe de la ventana asuste al público. Sin que nosotros los espectadores nos demos cuenta, Hitchcock desaparece el soundtrack y nos prepara una sorpresa auditiva. Esto hace que nuestro cuerpo no pierda detalle alguno pero también que poco a poco se ponga nervioso.

Otro uso de la narrativa audiovisual es que la película empieza con un paneo y un acercamientos a las ruinas de Manderley. Es una historia en la cual ya conocemos el final (la mansión se quema) pero en la que no sabemos por qué. Hitchcock inicia así porque hay una infinidad de misterios que se quedarán sin resolver (cómo es Rebeca en realidad, cómo se llama la señora de Winter, etc.). Después, el siguiente plano es el mar. El agua en sí está utilizada como un recurso dramático y aparece varias veces para sosegar la furia y los problemas externos a Joane Fontaine. Además, Manderley representa el agobio y los obstáculos para Joane Fontaine, cuando se quema es un aviso de que la casa estaba consumiendo todo lo que vivía en ella, incluso a la protagonista. Por eso el agua es el símbolo de la salvación. El mar aparece agitado también, refiriéndose a las peleas y tranquilo cuando ya todo está bien.

Cuando Hitchcock pensaba que los diálogos no eran relevantes para el filme, colocaba la cámara muy lejos con la intención de que el espectador se enfocara en buscar recursos u objetos que le ayudaran a pronosticar un final. Ciertos diálogos fueron insertados obligatoriamente por órdenes del productor. Además, al alejar tanto la cámara, nuevamente estamos viviendo la inseguridad de Joane Fontaine y su pequeño tamaño comparado con la inmensidad de sus problemas (la mansión, tomar el lugar de la señora de la casa, la mucama y los empleados).

Durante la obra encontramos 3 partes diferenciadas claramente. La inicial es el enamoramiento en Montecarlo. La vida de la protagonista va a cambiar radicalmente. De ser una empleada a ser la esposa de un millonario e importante señor. A continuación, la parte de en medio es cuando cambia de hogar, de clima y de país. Ahí empieza la tragedia y la inseguridad de la chica. Sus miedos se acrecientan cada día más debido a que siempre se habla de lo maravillosa y perfecta que era Rebeca. La tercera y última parte es cuando Max (su esposo), le confiesa sus acciones y ella asume otro papel y se torna más fuerte.

Durante estas 3 diferentes secciones, la colocación de los personajes toma mucha relevancia. En Montecarlo, la pareja va en un coche, sumamente cerca. Explica el enamoramiento y la cercanía entre ambos. Cuando están en Manderley, la mesa los separa poco hasta crear un hueco entre los casados. Varias veces vemos una silla vacía, lo que describe la soledad de Joane Fontaine y sobretodo la ausencia de Max.

Uno de los primeros planos más emotivos es cuando el amor renace entre Max y Joane Fontaine. Inicia con un acercamiento a sus rostros, unidos y sumamente cercanos para continuar abriendo el cuadro hasta conseguir tener un plano general. Al contrario que en las situaciones anteriores, aquí el primer plano no es para mostrarnos lo diminuta e indefensa que es Joane sino para explicarnos que su amor es más grande que todo lo demás, venciendo los obstáculos y los problemas.

El montaje corrió a manos del productor Selznick, quien optó por grabar algunas escenas más con Joane Fontaine pero sin que Hitchcock estuviera presente. De esta forma, Selznick podría darle su toque particular al haberle dado tanta libertad al director inglés.

Como curiosidades, podríamos mencionar que en psicología existe un síndrome homónimo, que habla de los celos que tiene una ex pareja de la pareja actual. Es una enfermedad patológica que tomó el nombre de la película.

Otro aspecto interesante es que el cameo de Hitchcock sale casi al final, siendo este de los últimos que hacía cuando concluía la película pues muchas veces los espectadores estaban más pendientes de su aparición que de la película en si.

El diccionario de la Real Academia Española aprobó que la palabra “Rebeca” se refiriese a un tipo de prenda, más concretamente el tipo de jersey que utiliza Joane Fontaine durante la obra.

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